
La Comisión Europea ha designado a ChatGPT como motor de búsqueda en línea de gran tamaño (VLOSE, por sus siglas en inglés, Very Large Online Search Engine), una categoría prevista en el Reglamento europeo de Servicios Digitales (Digital Services Act o DSA) para los motores de búsqueda que superan los 45 millones de usuarios mensuales en la Unión Europea. ChatGPT cuenta con más de 159 millones.
¿Qué supone esta decisión? Para OpenAI, implica quedar sometida a mayores obligaciones de evaluación de riesgos, auditoría, transparencia y supervisión. Para las empresas que utilizan ChatGPT, en cambio, no supone asumir las obligaciones propias de un VLOSE.
Pero la noticia sí deja un mensaje interesante para las empresas que utilizan herramientas de IA, en el bien entendido que el marco regulatorio europeo obliga cada vez más a analizar no solo qué herramienta se utiliza, sino para qué se utiliza y qué se hace con sus resultados.
Un buen ejemplo son los contenidos generados o manipulados mediante IA. Desde el 2 de agosto de 2026 son aplicables determinadas obligaciones de transparencia del Reglamento europeo de Inteligencia Artificial (AI Act).
Esto no significa que todo contenido elaborado con ayuda de ChatGPT deba identificarse como generado por IA. El artículo 50 del AI Act obliga, entre otros supuestos, a informar cuando se generan o manipulan imágenes, audios o vídeos que constituyan deepfakes, es decir, contenidos que pueden inducir a pensar que son auténticos cuando no lo son. También debe identificarse el texto generado o manipulado por IA cuando se publique con la finalidad de informar al público sobre asuntos de interés público, como cuestiones políticas, económicas, financieras, de salud o seguridad pública, derechos fundamentales o materias que puedan ser objeto relevante de debate público.
Existe, sin embargo, una excepción importante para los textos: no será necesario identificarlos como generados por IA cuando hayan sido sometidos a una verdadera revisión humana o control editorial y una persona física o jurídica asuma la responsabilidad editorial de su publicación. Una mera corrección ortográfica o formal no es suficiente para acogerse a esta excepción.
En definitiva, desde una perspectiva práctica, las empresas deberían tener identificados sus principales usos de IA y revisar qué datos se introducen, si contienen información personal o confidencial, cómo se utilizan los resultados, si la IA interactúa con clientes o terceros y qué obligaciones de transparencia resultan aplicables.
La designación de ChatGPT como VLOSE no impone nuevas obligaciones del DSA a sus usuarios empresariales, pero confirma una tendencia clara: el uso corporativo de la IA ya no es únicamente una decisión tecnológica, sino también una cuestión de compliance, transparencia y gestión de riesgos.
Seguiremos muy de cerca este tema.
Ana Soto Pino
2 de septiembre de 2026

